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Newsletter 137: Seguridad & Ambiente en PyMEs

4. Excesivo consumo de agua porteño y falta de concientización

El consumo de agua potable en la Capital y el conurbano aumentó sensiblemente desde el año pasado: según cifras oficiales, cada usuario utilizó para su vida diaria 636 litros por persona y por día, lo que representa un 1172% más de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El consumo en el área metropolitana, además, creció un 4% respecto de 2012, y si se tiene en cuenta que cuando se privatizó el servicio se utilizaban 500 litros diarios per cápita, hubo un 26% de aumento desde la década del 90.

La recomendación de la OMS indica que cada persona necesita al menos 50 litros del líquido en forma segura para aseo personal y para elaborar sus alimentos.

Las altas temperaturas del verano pasado y la falta de conciencia son algunas de las explicaciones que brindan desde Agua y Saneamiento (AySA), que abastece a más de 8 millones de usuarios en la Capital y en el conurbano.

Desde AySA se apela a los usuarios a hacer un uso responsable del recurso y se están realizando trabajos para que también la empresa haga un ahorro de agua evitando pérdidas en las cañerías.

Cabe recordar que toda la producción de agua potable proviene del Río de la Plata, cuyo grado de contaminación muchas veces dificulta los procesos de potabilización. Sólo el río, que diariamente olvidamos, constituye una fuente de agua dulce privilegiada y representa el 80% de la disponibilidad de ese recurso en la Argentina.

Otra de las fuentes para poder conseguir abastecimiento de agua segura son las aguas subterráneas y acuíferos. Y es por eso tan importante que no estén contaminados. Es tan importante la exploración de aguas subterráneas como la concientización del uso racional del recurso para esa gente que lava los platos y deja la canilla correr, o no arregla una pérdida.

Sólo el 3% del agua disponible en el planeta es dulce, y sólo la mitad es accesible para el hombre. Esto nos indica la necesidad de una gestión sostenible que permita el acceso al líquido. Si se piensa que el 40 % de la comida que se produce, se tira, tenemos que pensar que mucho de eso es agua.

El agua participa en todos los procesos industriales. Solo como ejemplo, fabricar una camiseta de algodón de 500 gramos requiere 4000 litros de agua. Para obtener un kilo de soja son necesarios 2300 litros de agua y de maíz, 460 litros.

“Como fábrica de alimentos, el suelo es un recurso valioso para la Argentina y es necesario reflexionar sobre la importancia del agua como insumo estratégico para la producción y la alimentación de una población mundial que cada vez demanda alimentos de mayor calidad y cantidad”, comentó el director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA durante un congreso sobre suelos realizado el año pasado.

En el mismo encuentro, también se destacaba: “La Argentina es uno de los principales países que exportan grandes cantidades de agua virtual en sus productos: en granos vende casi 46.000 millones de m3 de agua e importa 3100 millones”.

También se aseguraba que las producciones agrícolas y ganaderas son las principales consumidoras de este recurso.

Sin embargo, la vida urbana diaria también es responsable del derroche de agua. Por caso, un inodoro con deficiencias en el flotante pierde 4500 litros de agua diarios; una canilla abierta durante media hora consume entre 350 y 570 litros de agua; una canilla que gotea pierde 46 litros de agua en un día; una ducha breve consume 40 litros de agua y cada vez que se utiliza el lavarropas se consumen 100 litros de agua.

No se requiere ser especialista para asegurar que se requiere políticas de Estado sostenidas en el tiempo para lograr un cambio en las conductas. No importa si hay abundante lluvia o se generan inundaciones. Los programas de concientización deben continuar, especialmente entre los más chicos, pero también para sus padres.

No hay cultura de cuidado del agua en la población y si uno quiere ver, se encuentran varios ejemplos.

Una fuente permanente es la red de distribución de agua. Siempre hay alguna pérdida en algún lado. Instalaciones viejas con un bajo nivel de inversión podrían explicar esto.

Otra fuente “visible”, se da a través de los encargados de edificios, que manguerean indefinidamente las veredas de los mismos. Tal vez prohibiendo esta práctica y volviendo al balde podría controlarse semejante derroche.

Los lavaderos de vehículos también son fuente inagotable de derroches.

En bares, restaurantes y edificios públicos, encontrar sanitarios con pérdidas, también es muy común.

Tal vez lo que se paga por este servicio, no sea proporcional a su consumo. Tampoco es muy proporcional para aquellos que tienen piletas.

El medidor, para esos casos particulares surge como una buena opción para empezar a visualizar la necesidad de utilizar racionalmente un recurso poco renovable.

También requerir una cierta gestión para quien la distribuye, tanto en obras, como en pérdidas.

“El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión”.