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Newsletter 137: Seguridad & Ambiente en PyMEs

1. Editorial: “La lucha entre la Naturaleza y el Hombre”

Inevitablemente debemos referirnos en este espacio a la tragedia que se desató a principios de mes, con las inundaciones en Capital Federal y la ciudad de La Plata.

Dentro de los ángulos que presenta la tragedia, prefiero verla como la constante lucha entre la naturaleza y el hombre.

Ya desde la fundación de Buenos Aires, la zona era surcada por varios arroyos (igual que La Plata). Al principio, no había mucha interferencia porque los mismos podían escurrir libremente al río. En la medida que la ciudad fue creciendo, los arroyos pasaron a ser un escollo a sortear. Si nos transportamos a esa época, seguramente podremos preguntarnos, ¿qué pasaba con los que quedaban del otro lado del arroyo? Surgieron los puentes y luego algunas obras más complejas, para poder integrarlos.

En la medida que pasaba el tiempo el porcentaje de agua que iba al desagüe era mayor porque el asfalto y las nuevas construcciones impiden la absorción del agua, y por lo tanto más agua debe canalizarse.

Como ocurre habitualmente habría estímulos para urbanizar zonas que, tal vez, nunca debieron haberse poblado.

Con la bienvenida a los inmigrantes, la ciudad fue creciendo vertiginosamente y el negocio inmobiliario también.

Desde que el intendente Antonio Crespo fundó Villa Crespo en los terrenos bajos del arroyo Maldonado, se consolidaron dos negocios sucesivos:

El primero, el de lucrar con la inundación ajena, loteando terrenos en los bajos inundables.

El segundo, el del negocio de las obras de atenuación de crecidas, vendidas siempre como si fueran soluciones definitivas. ¿Quién podría evaluar la efectividad de dichas obras?

Se generaron así, círculos viciosos, por los cuales, miles de vecinos ilusionados concurrían a poblar las zonas falsamente saneadas por las infinitas obras que se realizaron. En consecuencia, cada obra disminuyó la cantidad de agua en las calles pero aumentó la cantidad de personas afectadas.

En el caso de La Plata, las márgenes del arroyo El Gato están densamente poblada (casi un 90%). Las márgenes de los arroyos Carnaval y Martín llega al 60%. Consecuencia: cada inundación hay cientos de evacuados que terminan siendo rehenes del gobierno de turno. Y así cada vez… Esto es sólo un ejemplo, ya que no difiere de la situación en otras ciudades importantes, que son cruzadas por arroyos.

Siguió creciendo la ciudad y a la par el negocio inmobiliario y las obras cada vez más complejas y poco efectivas, pero aparece un nuevo factor, en esta pelea entre la naturaleza y el hombre: el cambio climático.

Pero, ¿qué es el cambio climático?. No es algo que va a venir, sino algo que está pasando, lluvias cada vez más fuertes y frecuentes es solo una de las consecuencias visibles.

La naturaleza se tomó su tiempo, por cierto largo, pero no supimos entenderla. Así llegamos al pasado 2 de abril, donde volvieron a producirse tormentas e inundaciones catastróficas en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

A pesar de más un siglo de obras y promesas, la topografía sigue existiendo y, debido al cambio climático, la cantidad de afectados aumenta. La ciudad pasó a ser una megapolis y las áreas de escurrimiento, poco a poco quedaron debajo de asfaltos y edificios.

Pensábamos que podíamos controlar a la naturaleza, pero parece que todavía no…

Mientras tanto seguimos construyendo más y más en ciertos lugares, sin un mínimo de planificación. Parece que estuviéramos en un emirato y no en un extensísimo país. Tal vez sea el momento de pensar formas de adaptación a situaciones con las que habrá que convivir durante largo tiempo, o tal vez siempre. Es necesario modificar los Códigos de Edificación y de Planeamiento Urbano para definir formas de construcción que tengan en cuenta las crecidas reiteradas.

Las principales capitales europeas son cruzadas por ríos, mientras que acá preferimos taparlos. Mal que nos pese, la naturaleza sigue su curso… y si le sumamos la falta de planes serios de contingencia, las consecuencias no pueden ser otras.

La tragedia dejó al descubierto un complejo coctel de errores y circunstancias lastimosas. Tal vez la que surgió más nítidamente fue que la política gobernante (municipal, provincial y nacional) no tuvieron los reflejos necesarios para tomar una acción. Claro, ¿qué acción se puede tomar? si tampoco se estaba preparado para esto (ni para otra tragedia). Solo mandaron a algún voluntarioso para que apareciera en los medios, en un rol poco menos que patético.

Falta de visión, de organización, incapacidad para gestionar un tema, hasta para distribuir la ayuda. Esto, sin considerar la corrupción y la administración dudosa que se realiza sobre partidas que debería haberse destinado para estos temas, que sí son para el bien común.  Contrastando con esto, la solidaridad de vecinos y terceros. Seguramente muchos héroes anónimos que no aparecieron en el diario.

Lo más triste de todo es que si volviéramos a enfrentarnos con un desastre, el resultado sería el mismo, ya que ninguna medida de fondo se ha tomado.

Es fácil visualizar el porqué, y esto es algo muy común aún en el ámbito privado: nos rodeamos de amigos, gente de confianza, en lugar de rodearnos de gente capaz. Entonces, cuando ocurre algo, tenemos un montón de explicaciones y diagnósticos, pero no a aquellos que deben cristalizar las obras o acciones necesarias.

Si vamos a luchar contra la Naturaleza, tendremos que estar mejor preparados…

Ing Ricardo Wolff

RIW Consultores

No entiendo porque cuando destruimos algo creado por el hombre lo llamamos vandalismo, pero cuando destruimos algo creado por la naturaleza lo llamamos progreso.” Ed Begley Jr.