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10. Siete perfiles que no van en un equipo

Muchas veces el éxito en los negocios depende del grupo de personajes que los desarrollan en conjunto pero armar un grupo eficiente para alcanzar el éxito no siempre es sencillo. Cómo no equivocarse.

“El éxito o el fracaso en los negocios es el resultado de las competencias que tienen las personas para trabajar en equipo”. Así lo definía el experto en liderazgo de equipos británico Charles Margerison. Una investigación de la Universidad de Illinois, EE.UU, le vino a dar la razón al establecer que el esfuerzo colectivo supera a cualquier talento individual.
Sin embargo, frecuentemente se encuentran equipos de trabajo que no funcionan. Las personas que los integran tienen distintos puntos de vista sobre la misma cuestión, desembocan en discusiones interminables o en lamentables atrasos en las tareas. ¿Es lo mismo trabajo en equipo que equipo de trabajo?

Esto no es un mero juego de palabras. Un equipo de trabajo es un conjunto de personas a las que se asignó el cumplimiento de determinadas metas bajo la supervisión de un coordinador del equipo. El trabajo en equipo es la aplicación de estrategias y metodologías que utiliza un grupo humano para el logro de objetivos comunes. Es decir que el grupo de personas que forman el equipo crea sinergia. Esto significa que complementan sus capacidades en pos de un objetivo, planifican actividades y comparten la responsabilidad.
Pero ¿qué impide el buen funcionamiento de un equipo? Esencialmente, actitudes de algunos de sus integrantes. A saber:
• Individualidades temerosas. Algunas personas pueden sufrir este sentimiento. El mismo puede desencadenarse como miedo a no ser aceptadas como miembros del equipo, o a no contar con la aptitud que se espera de ellas. Demuestran inseguridad y falta de confianza en sí mismas. Cuando son nuevas en el grupo pueden preferir permanecer calladas por miedo a equivocarse.
• Individualidades fuertes. Estas personas prefieren destacarse dentro del grupo y tratan de atraer la atención con “sus conocimientos” o “genialidades”, o “hacen sentir su autoridad o superioridad”.
• Individualidades agresivas. Atacan verbalmente o descalifican a los demás integrantes. Pueden manipular a algunos integrantes para lograr imponer ideas que, aunque no sean las mejores, son aceptadas para evitar confrontarse con estas personalidades dominantes.
• Individualidades pasivas. Se aíslan ante conductas agresivas o frente a alguna controversia o si alguien les manifiesta desacuerdo.
• Individualidades dispersas. No prestan atención al diseño y ejecución de las tareas. A veces presentan conductas que buscan distraer a los demás integrantes buscando la diversión y desviándolos de su objetivo grupal.
• Individualidades ausentes. Personas que literalmente no se encuentran presentes o buscan evadir el problema, se retiran o amenazan con hacerlo. Generalmente aportan muy poco.
• Individualidades negativas. Aparentan ser realistas pero son cómodas y no se atreven al cambio. Son del tipo: “yo no puedo aportar nada”, “es más de lo mismo”, “antes no se hacía así”. Suelen tener una visión negativa de las cosas. Aparentan  estar colaborando, pero su actitud negativa impide que el grupo haga sinergia.

Por lo tanto, si se da con algún método para neutralizar a este tipo de individuos, es posible no sólo minimizar obstáculos, sino maximizar las ventajas del equipo.
El equipo “no debe aplastar las individualidades sino abrir un espacio de intercambio”. Es así que cualquier metodología de trabajo en equipo debe basarse en el respeto mutuo, el reconocimiento de las distintas posiciones, y éstas se basan en la diversa concepción del mundo, la historia de vida, la formación, la cultura.

Luego, es necesario trascender de las posiciones diferentes para encontrar objetivos comunes y ser creativos para, juntos, encontrar opciones que conduzcan a los resultados esperados.
Cuando se trabaja en equipo, cada persona necesita expresar su punto de vista. En este sentido, colocarse en el lugar del otro es una actividad útil para quien escucha. Preguntarle al hablante por qué tiene un punto de vista particular y pedirle que lo aclare. Esta competencia es la empatía: comprender a la otra persona y colocarse en sus zapatos.
Para manifestar empatía se necesita asentir con gestos y palabras. Por ejemplo: “Sí claro, comprendo…”, o “usted quiere decir que…”, mientras se repiten las expresiones del emisor con otras palabras. Así se transmiten señales de que el que escucha se va identificando con el hablante, que comprende sus necesidades. A la vez, el oyente demuestra sensibilidad y flexibilidad en su actitud.

El psicólogo estadounidense Daniel Goleman destaca que la empatía funciona como un radar social y es la capacidad esencial del mundo laboral.
¿Empatizar significa estar siempre de acuerdo con el otro, abandonar su punto de vista, sus valores? De ninguna manera: Empatizar es escuchar y comprender los sentimientos, las emociones y los puntos de vista de los demás sin necesidad de “estar de acuerdo”.
¿También los sentimientos y las emociones ajenas? Desde luego, y para esto se necesita autoempatía: reconocer los propios sentimientos y emociones y ser capaz de controlarlos permite atender los de los demás.
Las emociones pueden expresarse, pero es necesario evitar los estallidos. Mantener la calma mientras uno afirma “tu discurso es enojoso”, no es lo mismo que demostrar con gestos y palabras que uno está rabioso. ¿Qué se debe hacer si alguna persona reacciona de este modo? Es necesario dejarlo que se exprese, dándole a entender que es comprendido. La actitud de no respuesta a los ataques evita el conflicto.
Así es que los equipos eficientes de trabajo están formados por personas que se escuchan entre sí, reconocen sus diversos puntos de vista aunque no los compartan, y son capaces de expresar sus emociones y también de controlarlas.
Estar abierto a los diferentes puntos de vista y valorarlos aunque sean diferentes a los nuestros es la esencia de la sinergia. La clave para valorar esas diferencias consiste en comprender que todas las personas ven el mundo de una manera diferente, ya que las historias de vida y las formas de percibir la realidad también son distintas.
“No hay secretos para triunfar. En la práctica todas las teorías se derrumban. Todo se reduce a la suerte y a una larga paciencia.” Andre Maurois